viernes 11 de abril de 2008

LA GALERÍA DE MITOS DEL CAPITÁN AMADOR (I): ÓSCAR SCHMIDT BECERRA


Sí, queridos secuaces y quintacolumnistas del Capitán Amador, hoy estreno sección en éste vuestro blog. Se llamará "La Galería de Mitos del Capitán Amador", y en ella os hablaré de todos aquellos mitos y personalidades que han marcado mi vida desde mi infancia y adolescencia hasta hoy mismo. Os hablaré de políticos, de deportistas, de actores, de escritores, etc... En definitiva, os descubriré a los personajes que, por una u otra razón, me han llamado la atención y he admirado desde siempre. Probablemente no conozcáis a algunos de ellos, pero precisamente por ello a mí siempre me han interesado. Siempre me han fascinado los personajes semidesconocidos, incluso a veces segundones, todos aquellos que no llaman la atención pero que al fijarte un poquito en ellos descubres que tienen todo un mundo interior y una experiencia acumulada que merece la pena descubrir. Qué le voy a hacer, siempre he sido así, un poco rarito. De todas formas, también os digo que a muchos de ellos los conoceréis perfectamente. En fin, os voy a hablar de personas que, simplemente, han conseguido llamar mi atención. Y eso no es poco tratándose de quien se trata: el Capitán Amador.

Pues bien, tengo muchos candidatos a aparecer en esta sección, y hoy, para estrenarla, os voy a hablar del que, para mí, y sin ningún género de dudas, ha sido el mejor jugador de baloncesto de toda la historia: Óscar Schmidt. "Mao Santa", como era conocido en su Brasil natal, era un auténtico crack. Tiraba hasta las zapatillas, y el caso es que lo metía casi todo (aunque también es cierto que sus equipos jugaban prácticamente sólo para él). Nunca he visto un jugador como Óscar (con todos los respetos hacia megaestrellas mediáticas como Michael Jordan, Kobe Bryant, Magic Johnson, etc...). Sí, yo me quedo con Óscar. Qué tío. Líder nato, auténtica estrella en todos los equipos por los que pasó, simpático, además de el lujo que supone poder disponer de un alero tirador de 2'06 como era él. Alero tirador, sí, pero también capaz perfectamente de jugar de 4 ó incluso de 5 si la situación lo requería. Lo dicho, contar con Óscar era todo un lujazo. Además tuvo los arrestos y el amor propio de no ir nunca a jugar a la NBA, donde, sin duda, se habría echado a perder. Prefirió ser el rey del baloncesto FIBA a ser uno más en la NBA. Y sin duda creo que acertó. Hay que decir que Óscar dispuso durante su época en Italia de varias ofertas muy suculentas, pero dos por encima de todas: una, de los New Jersey Nets en 1984, y otra del Real Madrid en 1986. Y ambas fueron rechazadas. En el caso de los cantos de sirena desde América las razones estaban claras: Óscar no habría podido seguir defendiendo la elástica canarinha debido a los reglamentos de la época y, aparte, se le ofrecía bastante menos dinero de lo que cobraba en Italia. Y en cuanto al Madrid, los dirigentes de Caserta igualaron la oferta y Óscar simplemente cumplió su parte del pacto, sellado mediante un vínculo afectivo muy fuerte con el propietario del club italiano.

Óscar es el máximo anotador de todos los tiempos, superando en 2001 los 46.727 puntos de Kareem Abdul Jabbar. En el baloncesto italiano jugó 403 partidos y logró 13.957 puntos, o sea, 34.6 por partido (¡qué bestia!). Jugó dos temporadas en el Forum Valladolid, actuando en 71 partidos y logrando 2.009 puntos (28.3 de media), siendo el máximo anotador de la Liga ACB durante esas dos campañas. Recordemos algunas de sus noches históricas con el Fórum: por ejemplo, los 11 triples y 44 puntos que enchufó en Múrcia en marzo de 1994 con Moncho Monsalve de entrenador o los 47 puntos con 8/8 triples y 50 de valoración anotados en Málaga en noviembre de aquel mismo año, ya con Wayne Brabender como entrenador. Además de todo ello, participó en todos los Juegos Olímpicos entre 1980 (Moscú) y 1996 (Atlanta), siendo el máximo anotador en tres de esas ediciones. En Seúl '88 hizo 338 puntos, 55 de ellos en un sólo partido, lo que también resultó un récord. El "Matraco" Margall, otro ilustre tirador, cuenta una curiosa anécdota referida a aquellos juegos y a Óscar: “Para la preparación de los JJOO de Seúl fuimos a jugar a China un torneo de exhibición. Nos llevaron a entrenar a una cancha desastrosa, destartalada, las canastas eran penosas e incluso los balones no eran reglamentarios. La selección brasileña apareció en la zona contraria y Oscar comenzó a tirar triples con los mismos balones irregulares que teníamos nosotros. El tipo metió 50 o 60 seguidos sin pestañear, hasta que al fin se cansó. Se nos quedó una cara de idiotas a todos digna de verse. No hubo nadie como él”. De aquellos Juegos Olímpicos también recuerdo, aunque a malas penas, el partidazo de semifinales entre la potentísima selección de la URSS y Brasil. Los cariocas tuvieron contra las cuerdas a los gigantes soviéticos, a la postre vencedores del torneo, pero no pudieron rematarles. Al sonar la bocina que marcaba el final del partido Óscar se derrumbó en el suelo y lloró, incapaz de retener para sí las emociones inherentes a un desenlace deportivamente trágico, aunque visto de otro modo no exento de lógica. Pero a Óscar lo único que le importaba dentro de una cancha era la lógica de la victoria, y contribuir a ella con el máximo de sus fuerzas. Por eso, qué más daba que enfrente se situara la potentísima selección de la URSS con Sabonis y Marcioulonis al frente, la cual acabaría siendo campeona olímpica cuatro días más tarde. Lo único cierto es que después de 45 minutos de batalla sin tregua, el 110-105 final solo significaría que la selección canarinha, a pesar de la enésima exhibición anotadora de Óscar-46 puntos- se quedaría sin el premio de las medallas una vez más.

En fin, os podría contar muchas más cosas de Óscar, muchos recuerdos que se me quedaron impresos en la mente durante aquellos años (finales de los 80 y principios de los 90) en los que estábamos locos por el basket. Todos mis amigos se pirraban por Michel Jordan, por Dominique Wilkins, por Larry Bird, por Kareem Abdul Jabbar, etc... Yo en cambio tenía en mi cuarto el póster de Chechu Biriukov, me gustaban Giannakis o Antonello Riva, y, por supuesto, idolatraba a Óscar. Como os decía, de Óscar tengo muchos recuerdos. Pero fue viendo la final de la Recopa del 89, sin duda, el mejor partido de basket que he visto nunca, cuando me "enamoré" del brasileño. ¿Os acordáis? 117-113 para el Real Madrid frente al Snaidero de Caserta italiano. 62 puntos de Petrovic y 44 de Óscar, vaya partidazo. Creo que Gentile hizo también 34 puntos. Mítica e irrepetible aquella final, sí señor. Recuerdo el triplazo de Óscar con Cargol encima para forzar la prórroga. Creo recordar también que Biriukov metió 20 puntitos y Johnny Rogers otros 14. Aquello sí que eran competiciones emocionantes y no la basura de competiciones europeas que hay ahora. Óscar recuerda así aquella final: “En la final de la Recopa en Atenas me encontraba muy bien, cada vez más en racha a medida que avanzaba el partido, sólo que Drazen estaba aún mucho más caliente que yo, jamás vi a nadie jugar así". Impresionante.

Bueno, no sé que más decir. Óscar, Mao Santa, nunca te olvidaremos. Fuiste el p... amo y te recordaremos siempre. Gracias por no jugar en la NBA y regalarnos a los europeos el mejor baloncesto que nunca he visto.

Aquí os dejo con un resumen de aquel partidazo, de aquella final de la Recopa de 1989 jugada en Atenas y con Ramón Trecet como comentarista. Hay cosas que no tienen precio, y ésta es una de ellas.